lunes, 28 de septiembre de 2009

La salvadora, salvada.

Hoy he asistido a mi primera clase de Derecho en la Universidad, se que para mucha gente esto es lo normal. Yo provengo de una familia humilde y con padres separados, así que para mí ha sido la asignatura pendiente de toda mi vida. Y ahora soy muy feliz de al menos haberla iniciado.


Al salir de clase me he dirigido con mi coche hacia la salida y a los lejos he visto un coche que hacía señales con la luces, doña pensadora andante, ha puesto en funcionamiento toda su maquinaria e ingenio, para averiguar que pasaba mientras se acercaba a él.


1er pensamiento.: Le habrá sonado la alarma?

2on pensamiento: estará abriendo el coche, tantas veces?


Pero según iba avanzando he visto que había alguien dentro, al pasar junto al coche el ocupante ha abierto el cristal haciéndome gestos con las manos y yo feliz de la vida me he parado dispuesta a ofrecerle mi ayuda. El con una sonrisa en sus labios, se ha limitado a indicarme que las luces de mi coche estaban apagadas y yo con ese gesto que me caracteriza, he cruzado mis manos y las he apretado por encima de mi pecho y he sonreído con todas mis fuerzas en plan, he sido yo?


Y eso me ha hecho pensar muchísimo, bueno después de dos horas con un buen profesor hablando de economía vista por grandes filósofos yo ya iba muy enfrascada en el tema de pensar.


Yo me pensaba divinídisima en mi coche de marca y en ningún momento se me ha pasado por la cabeza que fuese yo la que necesitaba ayuda. Esa persona, de alguna forma me ha ayudado a no tener un posible accidente. Ergo he sido salvada.


Lo mismo pasa día a día. Marcamos a las personas por lo que parecen y no por lo que son y nos pueden enseñar. Este viste como un tirado, este proviene de un país pobre y vamos a ignorar su cultura ya que por algo se ha ido de allí o este no tiene apenas estudios y su experiencia en la vida no me parece que me vaya a aportar nada interesante.


Mi abuela jamás estudió derecho ni se presento a oposiciones para juez, pero era la persona más justa que he conocido en la vida. Era una persona inteligente que si no hubiera nacido en el estamento de las almas de bronce, habría podido aportar muchísimo a la sociedad, aunque a toda nuestra familia sí que nos lo aportó, ergo, para nosotros fue, es y será un alma de oro. Tampoco estudio microeconomía, pero con 9 hijos, un marido gastador y dos sueldos era capaz de llegar a final de mes e incluso ayudar a cada uno de sus hijos que lo necesitó.


Yo siempre admiré a mi abuela, aunque jamás se lo dije, espero que lo sepa esté donde esté. Cada vez que me cruzo con una mujer de unos ochenta años y con la cara arrugada por la vida, me acuerdo de ella y siento una ternura especial.


Hoy en el autobús de regreso a casa, he cedido la mitad de mi asiento a una mujer de esas características (el asiento es de plaza y media) y me he sentido feliz de estar tan cerca de una mujer coraje, apenas hemos hablado en el camino, yo estaba muy enfrascada en mis cosas. Pero me ha gustado compartir esa media hora con una abuela. He sentido una conexión especial.

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