jueves, 18 de febrero de 2010

días

Cada mañana se sentaba frente a su vieja máquina y tras escribir una frase inicialmente poética sacaba el folio y lo destruía, este ritual se repetía a diario desde hacía meses y no comprendía como podría haber desaparecido la musa que antaño, le ayudó a escribir los poemas más bonitos del mundo. Se desquiciaba y daba vueltas en su habitación, fruncía el ceño con intención de llorar, la escritura siempre había sido su vida, recordaba su niñez en aquel porche leyendo lo que su padre iba escribiendo, historias de grandes hombres rendidos ante bellas damas. Bailes, cenas, disputas, funerales, guerras. Él lo había conseguido durante una época de su vida, pero ahora.... ahora ya no estaban esas maravillosas historias. A las dos cerraba su estudio, salía de su casa para reencontrarse con el mar, entonces pensaba en marineros luchando con las olas, ciclistas soñando con participar en una gran carrera, mujeres con pequeñas vidas en su interior y la desesperación de pensar que no estaban a la altura. Pero cuando volvía a casa todo eso ya no estaba. Pero cuando volvía a casa se encontraba con una sonrisa. Laura, Laura, que feliz le hacía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario