domingo, 23 de mayo de 2010

La emoción del vuelo.

Cuando el atractivo se une a la elegancia y caballerosidad tenemos a una mujer encantada de la vida y sorprendida al mismo tiempo.

Esas ocasiones en las que pasa nada y todo, son emocionantes.

Fuimos cordiales y educados, yo sólo pensaba en la mejor forma de poder tumbarme, no pude.

No hablamos solo miradas furtivas.

Hubo un momento en el que ambos hicimos lo mismo y nuestras manos se rozaron, brotaron chispas de nuestros dedos, como a cámara lenta, ninguno de los dos aparto la mano.

Cuando llegamos a Madrid me bajó la maleta y me la entregó. Para entonces la magia había desaparecido.

Gracias desconocido, me hiciste vibrar.

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